GRANDES DEL PIANO: Witold Malcuzynski ( 1 )

Este año, que pronto terminará, se han producido señalados aniversarios de artistas famosos de la música clásica.
El más conocido, sin duda por la importancia del personaje, fue el de la cantante de ópera María Callas, pero también han habido otros.
El magnífico pianista Witold Malcuzynski, falleció en Palma de Mallorca (España) el día 17 de Julio de 1977 a los 63 años, dos meses antes que la Callas.
Creemos que se merece un recuerdo, porque fue un maravilloso intérprete de Federico Chopin. Los discos con sus grabaciones están prácticamente agotados y hubiera sido una buena ocasión para que una discográfica publicara una edición en homenaje suyo en este 30 Aniversario y así poder recordarlo y ser conocido por muchos que quizá no lo han escuchado nunca.

Plaza en el Casco Antiguo de Varsovia
Nació en Varsovia, capital de Polonia, el 10 de Agosto de 1914, el año en que empezó la espantosa primera guerra mundial.
Su existencia de niño fue sin embargo tranquila, repartida entre la ciudad y una finca en el campo que poseía su familia. Junto a los estudios que se daban en aquella época, Witold acudía al Conservatorio donde estudiaba solfeo, armonía, contrapunto, historia de la música y piano.
Su gran vocación era indudablemente, la música, siendo un alumno con grandes dotes, pero su padre quiso que estudiara la carrera de Derecho, para llegar a ser un buen abogado.
Tuvo que obedecer y entró en la Universidad.
A pesar de ello, consiguió seguir estudiando música y tuvo la fortuna de tener como profesor a Josef Turczynski, un pianista excelente que había sido alumno de Ferruccio Busoni, una de las grandes figuras del piano.
Malcuzynski reconoció siempre su agradecimiento por las clases y ayuda recibidas de su maestro.
Sus enseñanzas fueron fundamentales en su carrera como pianista porque supuso aprender de la tradición de Busoni, que unía las escuelas italiana y alemana, con una visión más abierta y universal de la música.
En 1936, con 22 años y recién graduado en el Conservatorio y en derecho y filosofia por la Universidad, Witold se trasladó a Suiza para visitar a Ignacy Paderewski.
Este había enviado un telegrama a Malcuzynski porque quería oirlo tocar, ya que su maestro Turczynski y otras personas le hablaron muy favorablemente de él como un excepcional talento del piano.
Legendario pianista también polaco, Paderewski era además una gran figura intelectual y política con enorme influencia no sólo en Polonia, donde había sido primer ministro, sino también a nivel internacional, contando con la amistad de varios presidentes de Estados Unidos.
Así contaba Witold su encuentro con el gran personaje:
"Imaginaos, en la misma noche de mi llegada Paderewski me trató
-a mí, un pobre y oscuro estudiante- ¡como invitado de honor!
¡Al final de la cena, levantó su copa de champán e hizo un brindis a mi salud, y se comportó hacía mí a lo largo de la velada con la deferencia debida a alguien distinguido!Paderewski era una persona excepcional: su elegancia, la gracia de su sonrisa, incluso el timbre de su voz, todo en él fascinaba. Y el día siguiente de esta "histórica" tarde, comenzamos a trabajar juntos".

"El modo de enseñar de Paderewski era único y no tenía nada que ver con la típica clase de música. Se hacía entender sin decir nada, simplemente comunicaba perfectamente lo que quería por la manera en que reaccionaba al oirte tocar, y podía decir mucho más sentándose él mismo al piano y repitiendo el pasaje estudiado que cualquier otro profesor con doscientas conferencias".
En el próximo artículo conoceremos el final de esta biografía.

Witold Malcuzynski interpreta el Vals brillante "in A minor"
opus 34 nº 2, de Frédéric Chopín

